martes, 27 de agosto de 2019

MARIO ABREU--MIS PROPIOS SANTUARIOS-POR NESTOR GERMAN RODRIGUEZ

MIS PROPIOS SANTUARIOS – MARIO ABREU- Compilación y edición Néstor Germán Rodríguez.


PORTADA






INDICE
No.
CONTENIDO
1
PRESENTACIÓN
2
A MANERA DE PROLOGO
3
BIOGRAFÍA EN WIKIPEDIA
4
BIOGRAFÍA EN WIKIHISTORIA DEL ARTE VENEZOLANO
5
BIOGRAFÍA ECURED ENCICLOPEDIA EN RED
6
BIOGRAFÍA EN OFICIO DE MIRAR
7
ENTREVISTA EN LETRALIA, TIERRA DE LETRAS
8
CONVERSACIÓN DE MARIO ABREU CON JAVIER TELLEZ Y JOSE ABREU
9
OTROS LINKS
10DERECHOS DE AUTOR







1.     1.   PRESENTACIÓN
En el centenario de su nacimiento hemos querido rendir un justo homenaje a este distinguido turmereño que traspasó las fronteras de la patria con su inmensa obra. Para conseguir nuestro objetivo con solo colocar su nombre en google, conseguimos una extensa y variada información sobre el pintor orgullo de nuestra procedencia. Lo que hicimos fue copiar algunas de estas biografías, respetar su contenido, revisar el material y compilarlo. Sabemos que se repiten algunos sucesos porque provienen de diferentes versiones; pero lo que redunda no sobra, como dice el dicho popular. Igual hicimos con sus obras, solo colocamos algunas emblemáticas por el modelo de libros cortos que ofrecemos, en este caso especial un LIBRO GALERIA; no obstante ello hemos colocado anexo los links de cada página y de otras para que libremente los lectores puedan buscar la información que deseen. Para el prólogo hemos colocado un excelente escrito del pariente Javier Téllez Pacheco que será el primer sorprendido, esperamos que también halagado.
Conocí al Maestro Abreu en Maracay en Exposición organizada por la Directora Ydelisa Rincón quien de paso ha sido quien ha dado la meritoria relevancia pública al pintor de los pintores.
Este escrito forma parte además de la compensación ante las acciones gubernamentales que de manera desacertada han suspendido, por razones políticas seguramente, algunos actos programados en este centenario de vida del reconocido Artista Mario Abreu.
No tenemos más que decir, la historia de vida de Mario Abreu les espera.  Disfruten de este LIBRO GALERIA.

NESTOR GERMAN RODRIGUEZ

2. A MANERA DE PROLOGO
JAVIER TELLEZ PACHECO



Hoy 22 de agosto se cumple el centenario del nacimiento de uno de los artistas venezolanos más importantes del Siglo XX: Mario Abreu. Desde el toro constelado hasta los objetos mágicos su aporte al arte del continente es único: Mario Abreu fue un verdadero mago del bricolage y el ars combinatoria, pintor de las metamorfosis donde el mundo vegetal, el mineral y el animal intercambian sus identidades sin pedir permiso. Nadie como él entendió en nuestro país el ensamblaje, nadie como él representa nuestra herencia africana y barroca. Nadie como él entendió el simbolismo cósmico, la alquimia y la magia. Junto a Armando Reverón, Mario Abreu es nuestro artista caribeño par excellence, aunque lamentablemente su legado espera todavía el reconocimiento que merece.
Conocí a Mario al final de la década de los ochenta, cuando yo era apenas un adolescente y rápidamente se convirtió en un amigo y en un mentor. Al igual que mi madre él había nacido en Turmero, lo cual daba un carácter especial a nuestra relación. Le estaré agradecido eternamente por su generosidad y por el estímulo que generaba en cada encuentro. Sus consejos podían ser comprensivos o severos, pero siempre tenían un sesgo de humor que me hacía pensar en la sabiduría de los maestros Zen, donde lo cómico y lo sagrado se sientan amigablemente en la misma mesa. Mario siempre daba en el blanco ya fuese por medio de un chiste profano, una anécdota de vida o un juicio de carácter filosófico. De él aprendí que el arte era una decisión de vida. Me enseño que las artes visuales eran poesía en la mejor de sus formas, que el artista debería respetar la verdadera naturaleza de los objetos y que había que desconfiar siempre de la retórica y de las modas. Él fue quien me mostró la relevancia de la obra de Wifredo Lam como un artista anticolonial, la importancia de la pintura popular como nuestro verdadero pop y tantas otras cosas. Mario Abreu nos reveló que la sugestiva noche del trópico y la luz incesante del caribe no son contradictorias y eso no es poco. Cuando tenía solo 21 años le hicimos una entrevista con su sobrino, el artista José Abreu en la casa-estudio de Mario en el barrio “El Piache” en Catia la Mar, luego de realizar una visita al castillete de Reverón. Dos lugares realmente mágicos que tuve la fortuna de conocer y que estarán conmigo hasta el fin de mis días.  Publicamos esa conversación en el principal diario de Valencia, con motivo de su exposición antológica en la Galería de Arte Municipal de Maracay.
Hoy no puedo evitar la melancolía cuando pienso que Mario ya tiene más de 25 años de fallecido y que el castillete desapareció arrasado por el trágico deslave de 1999 y El Carabobeño como tantos otros diarios dejó de circular de manera impresa hace ya varios años por falta de papel. Los museos de Caracas donde se haya su obra están hoy en una situación lamentable como si un deslave también los hubiese arrasado y hace mucho que no se organiza una muestra de su trabajo. Es verdaderamente triste que Venezuela no célebre hoy como debería el centenario del natalicio de nuestro gran mago Mario Abreu, el Saltaplanetas.

JAVIER TELLEZ PACHECO


3. BIOGRAFÍA WIKIPEDIA
MARIO ABREU-JOVEN

Mario Abreu (Turmero, Aragua, Venezuela, 22 de agosto de 1919 - Caracas, Venezuela, 20 de febrero de 1993) fue un artista plástico venezolano.
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Biografía
Diestro en el dibujo desde niño, realiza sus primeros dibujos a los 9 años y a los 10, pinta sus primeros paisajes; se traslada joven a Caracas. Trabaja como obrero en la Casa Benzo mientras estudia de noche para terminar sus estudios primarios. Más tarde asiste de 9 a 11 de la noche a los cursos nocturnos de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, dirigida por Antonio Monsantos. En 1942, gracias a que gana un concurso de pintura y obtiene una beca de 100 bolívares mensuales, puede dejar su trabajo y asistir a los cursos diurnos de la citada Escuela, de la que se diplomó en 1947. Participó en el Taller Libre de Arte, fundado al año siguiente de que regresara.
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Da inicio, entre 1950 y 1952, a una pintura vivencial con temas como gallos, catedrales vegetales, diablos danzantes. Esta pintura distinta le hace recibir en 1951 el Accésit al Premio Nacional de Pintura en el XII Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, lo que le permite obtener una beca para continuar estudios en Europa. Entre 1952 y 1959 reside en París, donde desarrolla una intensa vida intelectual y comienza una nueva etapa de su obra.
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Al retornar a Caracas comenzó a trabajar en su más célebre serie de obras, conocida como "Objetos mágicos", la cual dio a conocer en el Museo de Bellas Artes (MBA), en una exposición realizada en 1965. Desde entonces Abreu mantuvo una posición independiente, solitaria y alejada de la actividad institucional, identificándose en su búsqueda de un realismo mágico con los grupos literarios protestantes o surrealistas del país.
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En 1975 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas y, en 1985, el Premio Armando Reverón, que le otorga la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos.
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Mantuvo siempre una posición independiente, solitaria y alejada de la actividad institucional, identificándose en la búsqueda del realismo mágico que envuelve al arte de su momento.
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A su muerte se le da su nombre al Museo de Artes Visuales de Maracay, hoy Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu (Macma) y en este mismo centro, de manera póstuma, se presentó la primera exposición retrospectiva de su obra, en 1994.

 4.BIOGRAFÍA EN WIKIHISTORIA DEL ARTE VENEZOLANO

MARIO ABREU-JOVEN
Biografía
Pintor. Hijo de Ramón Pérez Guerrero y Georgina Abreu. Su esposa Ligia y sus dos hijos. En su infancia conoció los ritos de la santería. Al respecto, Abreu señaló años después: "mi madre era una mujer pobre que tenía que trabajar en el campo y me entregó a los Borges […]. Me crio esa familia negra y allí aprendí todos los ritos mágicos, brujería negra que es la que yo aplico en mis obras, en mis objetos mágicos, en mi santería" (Herrera, 1990). En 1928 trabajó como dependiente junto a su amigo Euclides Flores en el Almacen de Julian Morillo en el sector Pueblo Nuevo de Turmero y comenzó a dibujar copiando caricaturas de Leo (Leoncio Martínez) publicadas en la revista Fantoches. Posteriormente pintó paisajes y flores con creyones y acuarelas. En 1930 se traslada a Caracas, se establece en el barrio de Monte Piedad y trabaja como mandadero. En 1933 regresa a Turmero y hasta los 16 años atiende una bodega. En 1938 se residencia en Los Flores de Catia (Caracas) y trabaja como repartidor en bicicleta, y en 1940, siendo pulidor de vidrios en la casa Benzo, especializada en marquetería, entra en contacto con artistas. Esto lo estimula a seguir estudios primarios, mientras asiste a cursos nocturnos en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas. En 1942 participa en el III Salón Oficial con tres obras: Naturaleza muerta (óleo), Flores (acuarela) y Avenida Los Totumos (dibujo). Ese año obtiene una beca de 100 bolívares mensuales que le permite seguir cursos diurnos en la Escuela. Entre sus maestros estaban Marcos Castillo, Antonio Edmundo Monsanto, Juan Vicente Fabbiani, Rafael Ramón González y César Prieto, y, entre sus compañeros, Carlos Cruz-Diez, Pascual Navarro, Carlos González Bogen, Mateo Manaure y Alejandro Otero. En 1944 participa en el V Salón Oficial con dos óleos llamados Árboles. Su estilo de esos años se orientó hacia el cubismo y la síntesis formal de espacios y figuras. En 1947 culmina sus estudios en la Escuela; para esta fecha pinta su famoso Autorretrato (colección Martín Pérez Abreu). Cuando venía a Turmero se alojaba en la casa de Carmen Hortelano, mujer trabajadora que con tenacidad levantó su hogar.
En 1948 participa en la creación del Taller Libre de Arte y conoce al escritor cubano Alejo Carpentier, quien poseía La silla de Wifredo Lam, obra que transformará su propuesta plástica. Desde este momento ahondará en una búsqueda hacia el realismo mágico e integrará a su iconografía elementos como medias lunas, caras, máscaras o púas. Este año participa en el IX Salón Oficial con Flores, Bodegón y Calle; en la edición de 1949 con los óleos Autorretrato y Naturaleza muerta, y en la de 1950 con los óleos Arlequín, La floresta y El bosque; el pastel La dama del loro, y el dibujo Radiografía. Durante estos años figuro en las exposiciones "Pintores jóvenes del Taller Libre", realizadas en varios liceos de Caracas. En las obras de ese período se observa el uso de colores fuertes y cálidos, trazos violentos y una búsqueda temática con elementos propios de la idiosincrasia local. Hacia los años cincuenta practica una mayor definición estilística al abordar temas relacionados con tradiciones y elementos de la naturaleza. En este período surgen los gallos y las floras. En 1951 realiza su primera individual en el MBA, cuando exhibe 41 obras, entre las que destacan El gallo (colección GAN), Gallo azul, Los 4 pies, El arlequín y Soles y vegetales. Abreu participa en el Salón de la Joven Pintura (Liceo Andrés Bello, Caracas, 1951), en la "Muestra de pintura de hoy" (Taller Libre de Arte, Caracas) y en la "Muestra de pintura joven de Venezuela"



EL GALLO 1951

 (Escuela Federal Rafael Acevedo, Petare, Edo. Miranda). Este mismo año, con El gallo recibe un accésit al Premio Oficial de Pintura y el Premio Federico Brandt en el XII Salón Oficial. Asimismo obtiene el Premio Andrés Pérez Mujica del IX Salón Arturo Michelena con Sol y vegetales y el tercer premio para pintura en el IV Salón Planchart también con El gallo. Sus óleos Los gallos negros y Diablo vegetal son aceptados en el XIII Salón Oficial y su obra es incluida en la "Exposición de las nuevas generaciones de pintores venezolanos" en el Taller Libre de Arte (Caracas, 1952).
Por su accésit al Premio Nacional, la Gobernación de Aragua y la Dirección de Cultura del ME le otorgan una beca que le permite viajar en abril de 1952 a París, donde permanecerá por 10 años con la ayuda económica de su hermano Martín Pérez Abreu. Su estadía en Francia origina un rompimiento brusco con su lenguaje plástico y su incursión en las formas tardías del surrealismo. "Comienza a crear una iconografía extraña, donde lo vegetal, lo animal, lo humano y aun lo abstracto configuran un todo animado por una misma fuerza orgánica, como si en cada cosa, cada objeto, cada color y cada forma, surgiera una magia viva, una conciencia capaz de envolver y dar significado al universo" (Chacón, 1993). En 1953 obtiene el Premio Antonio Edmundo Monsanto en el XI Salón Arturo Michelena; participa en "Pintura venezolana" (MOMA) y en el VI Salón Planchart con Capataz verde. En 1954, con Paisajes de los Andes, figura en "Painters of Venezuela" (Unión Panamericana, Washington) y participa en el Salón de Mayo en París. En 1955, con La natividad, forma parte de la representación venezolana en la III Bienal Internacional de São Paulo. Ese mismo año figura en la "Exposición internacional de pintura" (Ateneo de Valencia, Edo. Carabobo), en el XIII Salón Arturo Michelena y en el XVI Salón Oficial. En 1956 envía al XIV Salón Arturo Michelena, desde Francia, Capataz nocturno, Pájaros vegetales, Gestación y Pájaros. En 1958, con La estrella de Belén, participa en el XIX Salón Oficial. Desde este año, como afirma Francisco Da Antonio, "había añadido a sus anteriores experiencias del collage elementos de mayor densidad que el papel o la tela, abordando en tal forma el relieve pictórico. De aquí derivan —en base a una gruesa pasta de consistencia mineral— aquellos secos rectángulos que dejan en el observador desprevenido una sensación de inclemencia geológica" (1982). En 1959, con el Sol petrificado y Pájaro lunar, participa en el XX Salón Oficial. Al año siguiente inicia su serie de objetos mágicos, llamada inicialmente santerías; para la elaboración de estas obras el artista empleó elementos de uso cotidiano (botellas, velas, caracoles, espejos, juegos de cubiertos, muñecos o materiales de desecho) que ensambló en cajas de madera o refresco. En esta serie, cada objeto forma parte de un sistema orgánico en el que adquiere un valor casi ritual; de hecho, sus ensamblajes expresan un significado enmarcado en lo mágico-religioso. Según Elsa Flores, el origen de estas obras puede ubicarse en los sincréticos altares de la religiosidad popular. En 1961, Abreu expone El ojo de Dios en una colectiva en la Galería Valerie Schmidt (París). Alfredo Chacón acotó: "estos objetos son la primera transformación verdaderamente enriquecedora de los postulados expresivos del pop-art y la solución más consistente al problema, ineludible cuando se ocupa en el mundo el puesto que nosotros ocupamos, de hacer valer a la altura del desarrollo de las artes plásticas, las estructuras de significación, las visiones del mundo de las cuales somos verdaderamente gestores" (1965).



EL TORO CONSTELADO

En 1962, Abreu regresa a Caracas y con otros artistas representa a Venezuela en la XXXI Bienal de Venecia. En 1963 presenta una exposición individual en el MBA, con pinturas realizadas en París y retrabajadas en su taller de Caracas. "Pese a su uniformidad la pintura de Abreu no es siempre idéntica a sí misma, va generando de sí nuevas apariencias y casi podría decirse que con su movimiento abarca todas las secuencias de la evolución de tales apariencias. Es como si la esencia de su pintura fuese el concepto de la mutabilidad llevado hasta los extremos más radicales, pero también los más evanescentes" (Da Antonio, 1963). También en este año participa en "Homenaje a Caracas: pintura venezolana" (Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas); el XXIV Salón Oficial con La natividad, La estrella de Belén y Cauda de la flora (colección GAN) y en el XXI Salón Arturo Michelena con Danza vegetal, llamada posteriormente Selva amazónica (colección GAN). En 1964 envía El toro constelado (colección MACMMA) al XXII Salón Arturo Michelena. Ese año obtiene el Premio Antonio Esteban Frías en el XXV Salón Oficial con Tres diablos y participa en "El Taller 1948: exposición retrospectiva", organizada por Francisco Da Antonio en la Sociedad Maraury (Petare, Edo. Miranda). En 1965 expone 30 objetos mágicos en el MBA, entre ellos: Mampulorio, El hijo de Mandrake (colección MBA), Senos prohibidos y Recuerdo de Hiroshima (colección GAN). Ese año envía El santuario de los caracoles y Los caracoles encantados al XXIII Salón Arturo Michelena, y los óleos Insecto, Los ojos de las caracolas y Girasoles al XXVI Salón Oficial. En 1966 exhibe, en la Sociedad Maraury (Petare, Edo. Miranda), 18 obras sobre papel, entre ellas, Odalisca desnuda y El extraño; y envía Yo Mario, el saltaplanetas (colección GAN) y Fuera de la cápsula al XXVII Salón Oficial. Para este año introduce una variación en sus objetos mágicos: al cambiar las cajas por discos pintados de blanco. Esta serie de objetos fue llamada Lunas. Ese año viaja a Colombia, donde exhibe 27 objetos mágicos en el Museo de Arte Moderno (Bogotá), y posteriormente en el Museo de Arte Moderno La Tertulia (Cali, Colombia). También exhibe obras en la III Bienal Americana de Arte (Córdoba, Argentina), el I Salón del INH, "El objeto en la plástica venezolana" (Ateneo de Caracas) y "Persistencia de la imagen" (Galería XX2, Caracas). En 1967 la revista Imagen pública en una separata el ensayo monográfico "Mario Abreu" de Francisco Da Antonio. Este mismo año, con Ventanas al infinito (colección GAN), La piedad custodiada por los arcángeles (colección MBA) y La aparición del ángel crucificado recibe por segunda vez el accésit al Premio Nacional de Artes Plásticas y es seleccionado, junto a Carlos Cruz-Diez y Harry Abend, para representar a Venezuela en la IX Bienal de São Paulo, donde presenta 10 objetos mágicos. Este mismo año viaja por Brasil, Chile, Argentina y Uruguay; regresa a Venezuela en 1968 y participa en diversas exposiciones: "10 pintores venezolanos de la nueva figuración" (Sala Mendoza), el XXIX Salón Oficial y "Pintura y grabado hoy en Venezuela" (Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá).
En 1969, con el Peso de la corona y Cuerpo giratorio, participa en el XXX Salón Oficial. En 1971 expone individualmente en la Galería La Otra Banda (Mérida) y en la Galería Inciba (Caracas). En 1972 expone una serie de obras sobre papel en la Sala de Lectura de la Plaza Bolívar y al año siguiente participa en el salón "Las artes plásticas en Venezuela" (MBA) con la serie Grafismos,



CATEDRALES VEGETALES 1950

espejos y plumas de piache, que exhibe nuevamente en 1974 en "Arte venezolano" (Paseo Colón, Lima). En 1975 su obra es incluida en "Dibujos-grabados" (Galería Punto, Barcelona, Edo. Anzoátegui) y en "Pintores venezolanos" (Instituto Zuliano de Cultura Andrés Eloy Blanco, Maracaibo). En 1976 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas. A mediados de ese año trabaja una serie de pasteles en los que crea figuras de gran colorido y vigor. En 1977, Francisco Da Antonio organiza en la Galería Ángel Boscán la primera muestra retrospectiva de Abreu con 56 obras fechadas entre 1947 y 1977. Abreu participa en "Artistas venezolanos con el pueblo uruguayo" (Galería Durban, Caracas) y "Exposición inaugural" (Galería Municipal de Arte, Puerto La Cruz); en 1978 en "El arte iberoamericano de hoy" (MBA) y la "Exposición homenaje a Rafael Rosales" (Galería Municipal de Arte, Puerto La Cruz). En 1979 participa con Gallo en "El arte figurativo en América Latina" (MBA) y al año siguiente en "El mundo de lo sobrenatural" (Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas), "Nueve premios nacionales", "El dibujo como expresión" y "Siete pintores en homenaje a Gustavo Machado", organizadas por la Galería Durban (Caracas). Igualmente realiza una exposición individual en esta misma galería, donde exhibe pasteles que son vistos por la crítica de la siguiente manera: "Abreu inventó un vocabulario (el de los objetos mágicos) para luego abandonarlo, sin llegar a aprovechar los alcances del hallazgo. El mutismo que sigue a esa etapa es de una meditación sin conclusiones, lo necesario para dejar que un lenguaje se debilite hasta desaparecer. Apenas si la pintura posterior registra elementos aislados, pequeños relieves, es una tentativa sin búsqueda definida" (Guevara, 1980). Este mismo año, con Leroy Clarke, María Luisa Pacheco y Fernando de Szyszlo expone "Mareas y duendes" en The Sings Gallery de Nueva York. Por otra parte, junto a Oswaldo Vigas y Manuel Quintana Castillo figura en la "Chicago International Art Exposition". Abreu participa en "Proposición 20" (GAN) y, en 1983, forma parte de la II Bienal de Artes Visuales (MACC).
A partir de 1985 su tendencia pictórica comienza a transformarse, explorando el universo de lo onírico y el uso de tonalidades pasteles y aterciopeladas para lograr el efecto de ensoñación, sin apartarse del icono femenino, constante en su evolución plástica. En la Galería G (Caracas) exhibe "Las puertas del reino": "sólo pureza del cuerpo o fiesta salvaje; sólo una plácida entrega de la imagen […] cualquiera sea el tema central de esta exposición y de cada cuadro, la muestra adquiere su coherencia en un particular ritmo visual […]. Todas las piezas respiran, cantan sinuosamente, porque su estructura repite una ceñida geometría ovalada" (Balza, 1985). Ese año, la AVAP le otorga el Premio Armando Reverón. En 1988 forma parte de "Lo mágico, lo religioso", itinerante por Argentina, Uruguay y Brasil, organizada por la GAN y el MRE. En 1990 participa en "Ensamblajes" (Galería Propuesta Tres), el X Salón Municipal de Pintura y la "Segunda experiencia de arte efímero", organizados por la Galería Municipal de Arte (Maracay), la cual realiza también la "Exposición antológica de Mario Abreu", donde se exhiben 38 pinturas y 18 objetos mágicos. En 1991 participa como invitado especial en el salón del reciclaje "Los alquimistas del desecho" (Gobernación del Distrito Federal, Caracas). En 1992 sus obras Selva amazónica y El gallo son expuestas en "Voces de ultramar: arte en América Latina y Canarias, 1910-1960", organizada por el Centro Atlántico de Arte Moderno (Las Palmas de Gran Canaria, España) y la Casa de América (Madeira, Portugal). Este mismo año su ensamblaje Rastros indígenas es seleccionado para formar parte de "Arte venezolano




EL OJO MÁGICO 1960

contemporáneo" en el Pabellón de las Artes en la Feria Internacional de Sevilla. En febrero de 1993, el artista fallece de una afección crónica. En mayo, el Museo de Arte de Maracay adquiere el nombre de Mario Abreu. En 1994, con curaduría de Francisco Da Antonio, el Museo Arturo Michelena (Caracas) exhibe 20 dibujos inéditos (pasteles, grafito, carboncillo, tinta china y lápices de colores) del período 1947-1987 y el MACMMA inaugura la retrospectiva "Homenaje al gran mago". En 1998 fue designado representante post mortem de Venezuela en la XXIV Bienal de São Paulo. La GAN posee una importante selección de obras de Abreu que incluye pinturas como Cauda de la flora (óleo sobre tela, 1956) y objetos mágicos no fechados como Extractor de conciencia, Tótem crucificado o La eterna bondad del subconciente.
Exposiciones individuales
1951 MBA
1963 MBA
1965 "Objetos mágicos", MBA / "Objetos mágicos", Ateneo de Valencia, Edo. Carabobo
1966 Sociedad Maraury, Petare, Edo. Miranda / Museo de Arte Moderno, Bogotá / Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia
1970 Galería de Artes Visuales, Maracay
1971 Galería Inciba, Caracas / "Primera exposición de dibujos, 1952-1962", Galería La Otra Banda, Mérida
1972 Sala de Exposiciones, Plaza Bolívar, Caracas
1973 Galería Universitaria Rafael Monasterios, Barquisimeto
1975 Galería Durban, Caracas
1976 Galería Durban, Caracas / LUZ
1977 "Muestra retrospectiva de Mario Abreu", Galería Ángel Boscán / "Grafismos, espejos y plumas de piache", Galería del Conac / "Grafismos, espejos y plumas de piache", Paseo Colón, Lima
1980 "El mundo mágico de Mario Abreu", Galería Durban, Caracas
1985 "Las puertas del reino", Galería G, Caracas
1990 "Exposición antológica de Mario Abreu", Galería Municipal de Arte, Maracay
Exposiciones póstumas
1994 "Mario Abreu, ceremoniales: dibujos. Selección retrospectiva 1947-1987", Museo Arturo Michelena, Caracas / Galería Díaz Mancini, Caracas / "Homenaje al gran mago", MACMMA



EL OJO DE DIOS 1961
1996 Museo de Barquisimeto
2001 "La corte femenina. Mario Abreu", Centro Cultural Provincial, Caracas
Premios
1951 Accésit al Premio Oficial de Pintura, XII Salón Oficial / Premio Federico Brandt, XII Salón Oficial / Premio Andrés Pérez Mujica, IX Salón Arturo Michelena / Tercer premio de pintura, IV Salón Planchart
1953 Premio Antonio Edmundo Monsanto, XI Salón Arturo Michelena
1964 Premio Antonio Esteban Frías, XXV Salón Oficial
1967 Accésit al Premio Nacional de Pintura, XXVIII Salón Oficial
1975 Premio Nacional de Artes Plásticas, Caracas
1985 Premio Armando Reverón, AVAP
Colecciones
Ateneo de Valencia, Edo. Carabobo / GAN / MACCSI / MACMMA / Mamja / MBA / MRE / Museo de Anzoátegui, Barcelona, Edo. Anzoátegui / Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia / Museo de Arte Moderno, Bogotá / Museo Soto

5.  BIOGRAFÍA ECURED ENCICLOPEDIA EN RED

MARIO ABREU

Mario Abreu. Artista plástico venezolano. Fue un prestidigitador noble y sencillo. La deuda de Zerpa, de Javier Téllez, Víctor Julio González, de Francisco Sevilla y muchos otros, quien tuvo el arte como una posibilidad para cruzar los espejos, que trató de aprender la magia secreta de los objetos, que intentó dignificar ese ritual de vivir con la lucidez que sólo brinda el corazón.
Síntesis biográfica
Nació el 22 de agosto de 1919 en Turmero, estado Aragua, Venezuela. Hijo de Georgina Abreu y de Ramón Pérez Guerrero. Parte de su infancia la pasó al lado de su madrina Amelia Borges, inclinada a la magia y al culto de los santos populares.
Trayectoria laboral
En el año 1928 trabaja en la bodega de Tomás Belmonte como dependiente. Cuando ya era un pintor reconocido en alguna entrevista reconoció esta etapa de su vida y lo crucial que fue para la concepción de los objetos mágicos o como él mismo lo explicó:
"En la pulpería yo disfrutaba organizando la estantería, colocaba latas de sardinas, dulces, refrescos. Por cierto recuerdo la cerveza alemana que tenía un perrito dibujado en la lata. Todas las tardes organizaba esos estantes porque no resistía verlos vacíos, los ponía bonitos. Yo digo que esos fueron los primeros objetos mágicos que empecé a percibir".
A mediados de 1940 reside en Caracas. Trabaja como obrero en la Casa Benzo. Estudia de noche y termina sus estudios primarios. Luego asiste de 9 a 11 de la noche a los cursos nocturnos de la escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, dirigida por Antonio Monsantos. Tiene como profesores a Pedro Ángel Gonzáles, Vicente Fabianni, Luis Alfredo López Méndez, Francisco Narváez, César Prieto y Marcos Castillo.
Trayectoria artística
En 1942 gana un concurso de pintura y obtiene una beca de 100 bolívares mensuales lo que permite dejar el trabajo en el almacén Benzo y asistir a los cursos diurnos de la escuela. Sus compañeros de clase son: Alejandro Otero, Mateo Manaure, Carlos Cruz Diez, Luis Guevara Moreno, entre otros. En 1947 egresa de la Escuela de Artes Plásticas y en 1975 obtiene el premio Nacional de Artes Plásticas.
Su trabajo pictórico posee elementos constantes como el exuberante y explosivo tratamiento del color, la figura como sacada del álbum de los sueños y el paisaje tratado desde la sutileza de lo imaginativo. Aunque consustanciado con firmeza con el realismo social su pintura expresa su crítica desde otros parámetros menos trillados. El color transgrede las normas académicas y la atmósfera onírica en algunos de sus cuadros trastoca esa percepción, siempre limitada y prejuiciosa, que tenemos de la realidad.
En sus pinturas iniciales el paisaje tuvo siempre un tratamiento poco convencional. Un ejemplo de esto son sus cuadros "Paisaje de Yaracuy" (1950) y "Flora" (1948). Cuadros como "Esqueletos



ESQUELETOS VERDES 1948

verdes" (1948) puede tenerse como el preámbulo de su obra posterior. Y aunque en las siete (o seis) figuras (hay una figura que simula un árbol o algo parecido) poseen un dramatismo distante, acentuado con colores fríos como el azul y el verde, pueden percibirse pequeños toques de color blanco y rojo. Hay en el cuadro como una fuerza contenida. Con su pintura "El gallo" el color estalla en la tela. Amarillos, ocres, naranjas, verdes y rojos se desbordan en la retina del espectador. El motivo central del cuadro (un gallo con innegables acotaciones cubistas) parece cobrar vida y movimiento.
A principio de los años 50, viaja a Europa. Se establece en París. Su periplo de aprendizaje lo lleva a varios museos importantes. Conoce y contacta a pintores de varias partes del mundo. En París comprende que la actividad de un artista no puede estar sujeta a ningún tipo de parámetro. El paso del lienzo a los ensamblajes de objetos y la escultura trabajada desde esa visión de Duchamp, quien intervenía objetos comunes y corrientes hasta transformarlos en objetos estéticos, se gesta durante este periplo parisino. También adquiere una visión renovada de su espacio. Sus cuadros "Dama vegetal" (1954-1968) y "Selva Amazónica" (1956-1960) son característicos de esta etapa. En el primero el estallido del color denota vitalidad y alegría. La dama que reposa posee cierto misterio. Estos contrastes le dan a la tela su gran atractivo. Estas posiciones de calma y euforia encontradas se armonizan de manera impecable. En el segundo, el paisaje se presenta algo compacto. El color parece ocultarse y la luz parece comprimida. Pueden distinguirse algunos animales y flores de aspecto extraño.
Tuvo presente que la pintura debía cumplir un rol social y político. En una entrevista expresó:
"La pintura en América está condicionada por estructuras económicas que imponen sus criterios de valor, que nada tienen que ver con lo artístico en sí. Los mecanismos oficiales que sirven de instrumento para la difusión de la cultura, están plegados colonialísticamente a esas mismas estructuras. Las capillas, los clanes, los grupos y los intereses, en un momento político dado, imponen las modas, sus líderes y las directrices del arte".
De nuevo en Venezuela retoma un tema que fue clave en su infancia: la religiosidad popular. En el año 1963 su exposición en el Museo de Bellas Artes de Caracas le permite mostrar sus nuevos enfoques estéticos. Ahora mezcla pintura con objetos y relieves. Presenta ensamblajes con objetos disímiles donde da cuenta de las creencias populares. Sintetiza los altares de santos caseros y los somete a su visión crítica creando de esta manera varias piezas artísticas conocidas como "objetos mágicos".
Sus "objetos mágicos" representan una de sus etapas plásticas más sobresaliente. Son ensamblajes (sobre soportes circulares o en cajas rectangulares) donde lo onírico, la crítica, lo lúdico y un sentido espiritual se entremezclan para ofrecer al espectador una visión barroca y poética de la realidad religiosa. El significado que posee un objeto mágico puede ser muy rico y variado, pero dejando cualquier especulación retórica fue exacto cuando dijo:
"Busco a través de las ordenaciones plásticas y de los contrasentidos, y en las oposiciones de fuerza, develar el acto mágico; sacrificando los estados complacientes para crear fuerzas vivas y de esta



RECUERDOS DE HIROSHIMA 1965

manera animar los objetos; en ellos aporto la evidencia de mi propia demarcación en la geografía física y psíquica."
En objetos como "Ángel de la creación" (1966) y "El hijo de Mandrake" (1965-1977) se aprecia esa reunión anárquica de objetos. No obstante conjugados y yuxtapuestos alcanzan una inquietante armonía. Objetos donde hay humor, pasión y dolor. Su objeto "Recuerdo de Hiroshima" nos trae a la memoria aquella foto donde unos niños corren asustados, gritando, por una carretera vietnamita luego de un bombardeo. En esa foto hay una niña desnuda que grita debido a que el napalm quemó gran parte de su espalda.
Los objetos mágicos también nos recuerdan los santuarios domésticos realizados por la madre, la tía o la abuela. Sólo que los altares objetuales de Abreu nos inquietan, sacuden nuestra modorra religiosa y nuestra apática espiritualidad. No sin razón decía: Sistema:Cita| "construyo mis propios santuarios desvirtuando los viejos santuarios." }}
Marta Traba, con respecto a los objetos mágicos escribió:
Sistema: Cita "Los objetos fetiches de Abreu, además, emplearon los recursos más triviales para generar conjuntos mucho más divertidos, creativos y surrealistas que las cajas de los europeos como Arman y Ben".
Para el año 1973 traza nuevos derroteros en su quehacer artístico. De esta fecha es su famoso autorretrato. Es un cuadro con recursos pictóricos bastante rudimentarios y simplificados. El retrato es bastante fidedigno sólo algunos detalles le proporcionan características especiales: de la pipa no sale humo, sino una columna totémica hecha de cascabeles, luego tenemos una rosa plástica que se prende de la camisa (no pintada, sino incorporada al cuadro) los anteojos borran los ojos. Otra obra peculiar es "Las flores del mal". Un arreglo de flores plásticas sobre una silla como de mimbre. Mal gusto y cursilería cuestiones tan postmodernas hoy ya las trabajaba con menos pomposidad publicitaria.
No descansaba en eso de asumir nuevos retos plásticos. En sus últimos años retomó el paisaje, pero desde una óptica más límpida y luminosa, parecen paisajes de cuentos y leyendas, "La selva y resplandor" (1990). De los objetos pasa a las cajas ("Los pasos de la noche"). Su obra "Un pie en abanico" transforma un viejo mueble de madera (especie de platera) en una escultura de incuestionable méritos estéticos. No puede faltar su "Toro constelado", donde el color y la fuerza de la tauromaquia adquieren visos de innegable poesía.
Nunca tuvo pretensiones de pertenecer a ese círculo de artistas que viven haciendo genuflexiones para figurar en las páginas sociales de diarios y revistas promocionando como un gran artista o como él mismo lo ha manifestado:
"La verdad que como no me dedico a cultivar las relaciones públicas y digo lo que pienso y siento, no soy bien visto por la "claqué" que vive en grandes mansiones. A este tipo de personas es muy difícil que les interese mi pintura. Un objeto mágico no se puede ver con la misma comodidad con que se observa una obra cinética".




CAFETERA EROTICA 1991

Obras
Capataz, 1949.
El gallo, 1951.
Mujer vegetal, 1954.
Sin título, 1954.
Flora y arlequín, 1956.
Personajes vegetales. 1956.
Selva Amazónica, 1956.
Cauda de la flora, 1956.
Manuel Espinoza, 1959.
Sucesión lunar, 1960.
El ojo mágico, 1960.
El mundo del agua. 1960.
Gestación, 1960.
Ajedrez, 1960.
Recuadro, 1963.
La eterna bondad del subconsciente, 1964.
Tótem crucificado, 1964.
Tótem vertebrado, 1964.
Extractor de conciencia, 1964.
Stop senos prohibidos. 1964.
El hijo de Mandrake, 1965.
Rastros Indígenas, 1965.
Recuerdo de Hiroshima, 1965.
Yo, Mario el Saltaplanetas, 1966.
El ataúd del brujo, 1966.
Recuerdo de los años 20, 1967.
Velorio de un ángel, 1967.
La piedad guardada por los arcángeles, 1977.
Ventanas al infinito, 1977.
Huevo cósmico, 1978.
La caja negra, 1980.
Dama atrapada por los fantasmas, 1982.
Dama búho, 1982.
Desnudo blanco, 1984.
La dama en oro, 1985.
Buho en oro, 1986.
Cafetera erótica, 1991.
Exposiciones individuales
1951, MBA .
1963, MBA.
1965, "Objetos mágicos", MBA / "Objetos mágicos", Ateneo de Valencia, Edo. Carabobo.
1966, Sociedad Maraury, Petare, Edo. Miranda / Museo de Arte Moderno, Bogotá / Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia.
1970, Galería de Artes Visuales, Maracay.
1971, Galería Inciba, Caracas / "Primera exposición de dibujos, 1952-1962", Galería La Otra Banda, Mérida.
1972, Sala de Exposiciones, Plaza Bolívar, Caracas.
1973, Galería Universitaria Rafael Monasterios, Barquisimeto.
1975, Galería Durban, Caracas.
1976, Galería Durban, Caracas / LUZ.
1977, "Muestra retrospectiva de Mario Abreu", Galería Ángel Boscán / "Grafismos, espejos y plumas de piache", Galería del Conac / "Grafismos, espejos y plumas de piache", Paseo Colón, Lima.
1980, "El mundo mágico de Mario Abreu", Galería Durban, Caracas.
1985, "Las puertas del reino", Galería G, Caracas.
1990, "Exposición antológica de Mario Abreu", Galería Municipal de Arte, Maracay.
Exposiciones póstumas
1994, "Mario Abreu, ceremoniales: dibujos. Selección retrospectiva 1947-1987", Museo Arturo Michelena, Caracas / Galería Díaz Mancini, Caracas / "Homenaje al gran mago", MACMMA.
1996, Museo de Barquisimeto.
2001, "La corte femenina. Mario Abreu", Centro Cultural Provincial, Caracas.
Premios
1951, Accésit al Premio Oficial de Pintura, XII Salón Oficial / Premio Federico Brandt, XII Salón Oficial / Premio Andrés Pérez Mujica, IX Salón Arturo Michelena / Tercer premio de pintura, IV Salón Planchart
1953, Premio Antonio Edmundo Monsanto, XI Salón Arturo Michelena.
1964, Premio Antonio Esteban Frías, XXV Salón Oficial.
1967, Accésit al Premio Nacional de Pintura, XXVIII Salón Oficial.
1975, Premio Nacional de Artes Plásticas, Caracas.
1985, Premio Armando Reverón, AVAP.
Colecciones
Ateneo de Valencia, Edo. Carabobo / GAN / MACCSI / MACMMA / Mamja / MBA / MRE / Museo de Anzoátegui, Barcelona, Edo. Anzoátegui / Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, Colombia / Museo de Arte Moderno, Bogotá / Museo Soto.
Muerte
Falleció el 20 de febrero de 1993 en Caracas, Venezuela.

6.     6. BIOGRAFÍA EN OFICIO DE MIRAR,

MARIO ABREU

BLOG DE ARTES VISUALES, CRÍTICA Y CULTURA PUBLICADO POR KATHERINE CHACÓN
Mario Abreu, el portentoso mago del arte venezolano
I
Mario Abreu fue un creador singular. Su obra estuvo siempre alejada de lo específicamente estético y, por ello, rehuyó de las modas artísticas y, en general, se mantuvo apartado de los presupuestos críticos de la época. Su trabajo revelaba su temperamento agreste nutrido de las tradiciones de la Venezuela rural de las primeras décadas del siglo XX y, al mismo tiempo, una muy rara apertura hacia los contenidos del inconsciente, lo que lo llevaba a conectarse de una manera muy personal con la naturaleza, el paisaje, la fauna, el cosmos, la mujer y consigo mismo. Este modo particular de entender la existencia y el mundo como un sistema de relaciones ocultas, como un todo imbricado participante de una misma conciencia y energía, lo hizo preferir ciertas certezas y desdeñar lo superfluo. Por eso él y su obra eran directos, poco complacientes, ciertamente extraños e innegablemente únicos.
Por esta misma razón, el cabal significado de la obra de Mario Abreu, y su decisiva importancia dentro del contexto del arte venezolano aún no han sido justamente comprendidos. Artista nada solícito, de temperamento esquivo, cuyo lenguaje traducía por una parte, ese «fiero instinto terrestre» del que habla Juan Calzadilla, y por otra, el espíritu innovador de las vanguardias europeas, vertido en su afán de abandonar los cánones preestablecidos de creación, y adentrarse en nuevos modos de expresión plástica, Mario Abreu se yergue como una figura cuyos modos de hacer y comprender el arte han alentado buena parte de la indagación plástica en nuestro país.
Como bien lo supo exponer el artista venezolano Carlos Contramaestre: «La dimensión portentosa y la originalidad sin precedentes de Mario Abreu dentro del arte venezolano aún no ha sido examinada, ni estudiada exhaustivamente como se merece. Ni siquiera la crítica de arte más acreditada del país se ha detenido a evaluar con el rigor necesario cada uno de los momentos o hitos de mayor creatividad que marcaron su evolución artística y se tradujeron en sólidos aportes a la vanguardia del arte latinoamericano dentro del contexto universal. El equívoco y la confusión de la crítica fue poner todo su énfasis en lo que resultaba obvio y evidente, identificando la obra plástica de Mario Abreu con la mágica y popular que, desde luego, limita la diversidad y complejidad semántica de su obra. Crítica superficial, que no va al fondo de ella y por el contrario escamotea su contenido profundo, universal, arraigado a las vivencias de este artista que trabaja los lenguajes contemporáneos y es prisionero de ellos, asimilándolos y eligiendo lo que es afín a su expresión renovadora» [1].
También la mirada aguda de la crítico de arte argentina Marta Traba supo entrever la personalidad singular de Abreu. Su apreciación de la obra del artista aragüeño complementa la evaluación de Contramaestre, al analizar su impronta dentro del contexto socio-cultural venezolano: «Creo que hay una confusión respecto a este venezolano situado por fuera de las corrientes dominantes y de los grupos de presión artística. La gran confusión empieza cuando se desestima a lo largo de los años



AUTORETRATO DE LOS FLORES 1947

un trabajo evidentemente original y representativo de las fuerzas y valores culturales que se mueven soterradamente en el país, tras su fachada tecnológica y petrolera» [2].
Pero quizás fue el propio Abreu quien, en pleno conocimiento de las pulsiones que se hallaban como sustento de sus búsquedas artísticas –y, en su caso, ligadas íntimamente a su concepción de la existencia–  diera una opinión muy acertada sobre las distancias que separaban su trabajo de las escuelas críticas «formales», al manifestar en una entrevista dada a Alberto Hernández, lo siguiente: «considero que en un país donde no existe una crítica especializada los poetas vienen a ser los más cercanos a una genuina interpretación de mi plástica. Una de las fallas de la pintura venezolana ha sido la poca comunicación entre los artistas plásticos y los poetas que son los más próximos a un estado de revelación del inconsciente» [3].
No en balde fueron los poetas, en gran medida, quienes acogieron desde el comienzo y con gran entusiasmo, el trabajo de Abreu, que estaba cargado de contenidos oscuros y yendo siempre a contracorriente de las modas artísticas, del buen gusto e, incluso, de los valores entronizados dentro del campo de lo propiamente estético. Fueron los escritores los grandes amigos de Mario Abreu. Fueron ellos también quienes se acercaron a su trabajo desde un lenguaje afín, alejado de la lógica cartesiana, en el que abundan las imágenes, las correspondencias, la conciencia de lo trascendente. Según Juan Liscano, la obra de Abreu, al estar «más cerca del simbolismo y del decorativismo decimonónico que de la sofisticada secuela de procedimientos plásticos cualitativos y constructivistas, negado a lo anecdótico y literario (…) no despierta entusiasmo en la crítica analítica purista sino en poetas y literatos. Casi todos los poetas venezolanos le han dedicado composiciones o han escrito sobre él. Es el pintor de los escritores y poetas» [4].
En el poema «Gran mago» que le dedicara el escritor venezolano Caupolicán Ovalles, puede leerse: «Tú, Gran Mago, Mario Abreu/serás siempre el pajarraco que viene del porvenir de una nube/ la perla oculta en la sonrisa del Emir/ la guitarra que toca el lobo de la noche/ el gato de la mirada de susurro/el oro azul que sube hacia el techo de la reina de la arena enamorada/ el violín en el ajuar del arlequín/ el ring del cigarrón/ la muñeca de pierna escarlata que baila siempre para ti en el gong/ del barco pirata/ el señor de la floresta azul/ el pez de colores que abraza la Esfinge/ el pintor de látigo de plata/la noche…».
II
Mario Abreu nace en 1919 en Turmero, localidad de Aragua, estado situado en la zona centro norte del país. Su madre fue Georgina Abreu y el esposo de ésta, Ramón Pérez Guerrero, fungirá como figura paterna durante toda su vida, ya que Abreu conocerá a su padre biológico a la edad de ocho años.
Las primeras impresiones del niño Mario Abreu provienen de las costumbres de esta gente humilde y pueblerina, y del paisaje de su lugar natal, que marcarán profundamente su sensibilidad. En su madurez el artista recordará esta impronta al señalar: «Turmero era un pueblo donde la



PAISAJE ALTO 1987

comunicación entre todos se establecía a nivel mágico aunque en aquel momento no lo percibía así, no lo entendía así. Ahora lo digo. Me refiero a todas esas costumbres mágico-religiosas que eran parte de lo cotidiano: los mampulorios que se hacían cada vez que ocurría la muerte de un niño a quien se daban dádivas de piñas y flores; los bailes de San Juan, las procesiones...» [5].
Estas vivencias infantiles despiertan también en Abreu las primeras sensaciones y su peculiar mirada hacia la naturaleza: «Las primeras sensaciones importantes me las transmitió mi madre. Me acuerdo que en el patio de mi casa había una mata, una adormidera. Mi madre me enseñó lo sensitivo. Yo le pasaba la mano a aquella planta y se dormía. La sensación es para mí el universo» [6].
Por otra parte, debido a que su madre tuvo que salir a trabajar al cercano pueblo de Cagua, el niño Mario es dado en cuido a la familia Salas, y después a su madrina, Amelia Borges. El contacto con esta familia de raíces africanas lo vincula con los rituales y el culto propios de la santería, que se verán reflejados posteriormente en su trabajo y aun en la concepción misma que el artista tiene de la obra de arte como un universo que traduce la magia secreta de la existencia, que propicia esa «revelación de lo inconsciente» a la que hemos hecho referencia en párrafos anteriores.
Siendo todavía niño Abreu comienza a trabajar como dependiente en una bodega. De noche realiza dibujos, copias de las caricaturas de Leoncio Martínez (Leo) que eran publicadas en la revista Fantoches. Luego empezará a inspirarse en la naturaleza, al realizar bocetos de paisajes y flores. Desde entonces se vislumbra en Abreu su afán de comunicación y expresión a través del arte, y también su incipiente talento. Al respecto el artista comentó: «Yo tendría unos nueve años, trabajaba en una bodega desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. A esa hora me iba a mi casa y, con una lámpara de kerosén me ponía a copiar las caricaturas de Leo. Más tarde empecé a trabajar sobre la naturaleza: paisajes, flores, como podía pintar un niño. Luego con creyones y acuarelas» [7].
Entonces, Abreu también disfrutaba organizando las latas, frascos y demás envases en los estantes, hecho que el artista percibirá en sus años maduros como sus «primeros objetos mágicos».
Desde 1931 el joven Abreu parece empeñado en buscar nuevos rumbos en la capital del país, lo cual logra siete años más tarde, cuando se traslada definitivamente a Caracas. Vive al noroeste de la ciudad, en la populosa localidad de Los Flores de Catia, y trabaja como obrero en la Casa Benzo, especializada en marquetería. Continúa mostrando una especial dedicación al trabajo y al estudio, haciendo largas jornadas cada día. Divide sus noches entre las clases que tomaba en la escuela primaria para adultos y los cursos que seguía en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas.
Corría la primera mitad de la década de 1940 y Venezuela recién despertaba de la «gran siesta gomecista» tras veintisiete años de férrea dictadura. Tiene lugar entonces quizás el más vasto proceso de recuperación que ha experimentado la nación. Como ejemplo señalemos que en 1938, a un poco más de dos años después de la muerte del autócrata Juan Vicente Gómez –acaecida en diciembre de 1935–, ya había sido inaugurado en Caracas el Museo de Bellas Artes y el plan de remozamiento de la ciudad capital persiste en la década siguiente, incorporando a artistas y



SIN NOMBRE SIN FECHA

arquitectos de la talla de Francisco Narváez y Carlos Raúl Villanueva en varios proyectos de importancia. En 1936, y durante el gobierno reformista del general Eleazar López Contreras, el escritor e intelectual Rómulo Gallegos es nombrado ministro de Educación, y éste coloca a Antonio Edmundo Monsanto a la cabeza de la recién creada Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas. «El nombramiento de Monsanto en la Dirección de la Escuela, imprimió un giro decisivo a la institución, marcando, debido a su función dentro de la formación de los artistas nacionales, un enorme progreso para la plástica venezolana. Las reformas que imprimió fueron numerosas y muy audaces. (…) Monsanto acometió una verdadera cruzada para propiciar medios que permitieran a los interesados acceder a información actualizada sobre arte (…) [que] abarcaban la conformación de un cuerpo docente de excelencia. (…) Monsanto también creó una extensa biblioteca, la primera especializada en artes en el país. (…) [y] se le debe la iniciativa de crear los Salones Oficiales Anuales de Arte, así como la instauración de los premios de estímulo para pintores nacionales»[8].
Abreu aprovecha sobremanera este contexto renovador, que le brindará las herramientas suficientes para la ejecución de una obra sin apegos académicos y, sobre todo, para la conformación de un espíritu de constante indagación estética y de creación libérrima. Este contexto fructífero se acentúa aún más a partir de 1942, cuando la obtención de una beca le permite abandonar su trabajo y asistir a las clases diurnas. En la Escuela de Artes Plásticas cursa estudios con profesores de la talla de Pedro Ángel González, Rafael Ramón González, Juan Vicente Fabbiani, Francisco Narváez, César Prieto y Marcos Castillo. Entre sus compañeros estaban Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Alejandro Otero, Régulo Pérez, Luis Guevara Moreno, Carlos González Bogen y Pascual Navarro.
De esta época datan sus primeras obras maduras. El autorretrato –género que cultivará durante toda su vida– es trabajado en esta etapa por el artista con una fuerza expresiva que no es común encontrar en jóvenes estudiantes de arte. Influenciado por las enseñanzas de las escuela, pero yendo siempre más allá del mero formalismo, Abreu se dibuja anguloso, conformando el espacio al estilo de los precubistas, mediante planos cortantes que van describiendo su rostro como una faz incisiva y penetrante. De este período son también algunos retratos de su madre.
Es necesario señalar que las búsquedas expresivas de Mario Abreu se nutren desde el principio de dos vías fundamentales: la academia –o, más exactamente, la antiacademia, con su énfasis en la transgresión de las formulaciones y el repertorio formal de las tendencias tradicionales–, y el mundo imaginativo cotidiano, que en su caso se hallaba impregnado de lo más genuinamente popular. Entendiendo esta dualidad de su trabajo y de su ser, el artista se consideraba a sí mismo como «un puente entre lo popular y lo culto».
En 1947 Abreu culmina sus estudios en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas.
III
Al año siguiente, 1948, y junto a otros artistas venezolanos, crea el Taller Libre de Arte, grupo cuyo rol de indagación en lo artístico-cultural latinoamericano contrastará, más tarde, con el universalismo vanguardista de Los Disidentes [9].



 YO, MARIO, EL SALTAPLANETA 1966

No es esta una contraposición simple, pues reveló en su momento una de las grandes polémicas del arte y, más allá, puso en el tapete la dicotomía en que se debatía la cultura nacional. La filiación de Abreu a la figuración estaba relacionada, como bien lo referirá el escritor venezolano Juan Liscano, a «convicciones, preocupaciones, búsquedas, sentimientos nuevomundistas, amor por la naturaleza, mesianismo, magicismo, interés por la cultura tradicional popular»[10].
Más adelanta Liscano afirmará: «Abreu está en el extremo contrario del abstraccionismo en cualquiera de sus vertientes, del arte puramente visual tecnológico o no, del cinetísmo objetivo. Su creación formula conceptos culturales, poéticos, literarios, verbales, simbólicos, mágicos, por lo tanto funcionales, narrativos, evocativos, figurativos. Se desprende dicha creación de un sentir arcaico, cercano a lo sagrado, resueltamente expositivo, ambiental».
También Carlos Contramaestre supo entender estas diferencias: «Desde luego, existían hondas diferencias (…) [entre Abreu y] los planteamientos de Los Disidentes. La vía elegida por Abreu no se centraba en los aspectos conceptuales o técnicos del constructivismo, sino en encargar el reto de la modernidad. A este artista lo respalda ese bagaje cultural nato, arraigado a sus vivencias, a la cosmovisión americana vitalista, que afirma sus cimientos en ese misterioso entramado mítico» [11].
En las pinturas que Mario Abreu realizara entre 1948 y 1950 intuimos un artista que ensaya un lenguaje o, más bien, un particular acercamiento a la naturaleza y a las propias vivencias interiores. Obras como Vegetales, Esqueletos verdes y Catedrales vegetales difieren notablemente en su estilo, pero muestran la gran flexibilidad expresiva de Abreu, y el proceso que estaba transitando, caracterizado por lo que Roberto Guevara explica como «un gran despertar de las fronteras entre el hombre y el mundo, lo cual supone (…) una nueva capacidad de desdoblamiento, una condición permeable para las simbiosis y las visiones más allá del naturalismo» [12].
Es evidente que el artista para esa época se nutría temáticamente de lo inmediato –animales, plantas, seres humanos–, pero lo que resulta interesante es su intento de afinar un lenguaje que le permitiera develar una especie de energía oculta en estos elementos. Vegetales es una pintura de difícil lectura, pues su factura se contrapone al formalismo en boga, y aun al esteticismo complaciente. En ella podemos atisbar ciertas características que se reproducirán en piezas posteriores y que tienen que ver con la representación de la naturaleza como un todo que comparte una misma energía. Los rasgos más destacados de las obras de este tipo tienen que ver con el colorido, directo, brillante, contrastante, y con la construcción de figuras que pudieran ser pseudovegetales, pero también pseudohumanas. En Vegetales (1950, Col. privada), cinco o seis figuras –dada su mixtura vegetal-humanoide es difícil discernir la individualidad de cada forma– parecen estar de pie con cuerpos oblongos y cabezas en forma de disco solar con rayos; el espacio está dividido en dos planos: el inferior de color azul, sobre el que se yerguen las figuras, y el superior, de color rojo, al que parecen ascender y donde se ubican sus cabezas solares, algunos de cuyos rayos, incluso, aparecen cortados por el borde del lienzo.



CATEDRALES VEGETALES 1950

En Catedrales vegetales (1950, Col. privada) estas características comienzan a perfilarse más coherentemente, a través del uso de formas que parecen abrirse, conectándose al universo: rayos, figuras vulvares, módulos concéntricos, otorgan un dinamismo voluptuoso y ascendente. La impronta dejada por la pintura de René Portocarrero y, sobre todo de Wifredo Lam –cuya obra La silla había observado el artista en 1948 en la casa de Alejo Carpentier para entonces residente en Caracas–, también se hace notar en esta pieza mediante la inclusión de formas derivadas del ritualismo primitivo, tales como medias lunas, máscaras y púas. Para Roberto Guevara será ésta una obra clave para entender las intuiciones de Abreu sobre las relaciones inseparables que existen entre «los procesos estéticos (…) [y el] gran despertador de los nexos profundos con fuentes culturales y religiosas que aun cuando siempre estuvieron inmediatas, habían sido ignoradas por los cronistas e historiadores». Entonces, lo que realmente se debatía por aflorar en la mente del pintor era «la vigencia de nuevos planteamientos para el comportamiento ritual o mágico, como una de las necesidades fundamentales del hombre que, en éste o en cualquier otro tiempo, indaga por sus ancestros culturales y étnicos». Guevara llama incluso la atención acerca del título de la obra –Catedrales vegetales– como «revelador de la nueva aceptación de órdenes híbridos» [13].
Para 1951 se encuentra una mayor definición estilística en la obra de Abreu. Como el propio artista señalará, en esa época su producción estaba relacionada con la indagación en lo vernáculo, teniendo como fuente de inspiración las tradiciones y elementos de la tierra venezolana. No obstante, a diferencia de los pintores costumbristas o formados en la escuela del realismo social, Abreu no se acerca a lo propio desde la perspectiva del nacionalismo o la denuncia, sino a través de una particular vía que intentaba empalmar sus búsquedas trascendentales con lo autóctono, expresada en un lenguaje plástico independiente de cualquier escuela.
Es esta la etapa de sus famosos gallos, flores y otros temas relacionados con la tradición y el entorno paisajístico. Los asuntos seleccionados le proporcionan un sustrato imaginativo contundente: el gallo, en su esplendente estampa, colorida y galante; los diablos de Yare [14], que conjugan la terrible máscara con la hermosura de la danza ritual; los vegetales y las flores, depositarios mudos de una energía que recorre todo.
En El gallo (ca. 1951, Col. Fundación Museos Nacionales/Galería de Arte Nacional, FMN/GAN) se hace evidente este acercamiento a un elemento distintivo de nuestra idiosincrasia rural, como vía para expresar la energía trascendente. El gallo, en el contexto campesino de la cría está relacionado con el poder de lo seminal, de lo que fecunda y da vida, pero también, se asocia con lo feroz y mortal, a través de la arraigada tradición de las peleas de gallos. En todo caso el gallo parece reunir las potentes energías de la vida y de la muerte, el Eros y el Tánatos que conforman el eterno ciclo del universo.



EL GALLO 1952

Alejado de todo naturalismo o afán folklórico, Abreu pinta un gallo imponente, profusamente colorido. El ave crea una atmósfera alucinante: no sólo en su estampa –plumas, patas, cresta, pico– el gallo es, sino que también su entorno se «contagia» de este ser: la forma solar de la parte superior, las figuras de inspiración vegetal que rodean al gallo, todo parece emparentarse con ese ser colorido, plumífero y punzante. Es como si el artista hubiera querido expresar su intuición de lo mágico como algo cotidiano, a través de elementos emparentados con la vida popular venezolana.
Del mismo modo el Gallo (1952) perteneciente a la Colección del Museo de Arte de Maracay Mario Abreu (Macma) es otra obra relevante. Aunque por su estampa éste se emparenta con la monumentalidad vibrátil de El gallo anteriormente comentado, su estructura es mucho más dinámica y casi emblemática. Es, de hecho, una figura más moderna, estilizada y que rinde cuentas al diseño. Al estar realizado como un collage de pequeños trozos de cartulina pintada, esta obra puede considerarse una de las primeras piezas de ese proceso de «tridimensionalización» de la pintura de Abreu que, como bien ha señalado Francisco Da Antonio, culminará con la realización de los «Objetos mágicos».
IV
Con El gallo Abreu obtiene el accésit al Premio Nacional de Pintura en 1951, razón por la cual la Gobernación del estado Aragua y, luego, la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación le otorgan una beca que le permite viajar en abril de 1952 a París. Gracias a la ayuda que también le brindara su hermano Martín Pérez Abreu, Mario vivirá en la capital francesa por espacio de diez años. Su permanencia en París marcará profundamente el devenir de su actividad plástica. «Para el pintor –señala Roberto Guevara– [en París] será más importante la experiencia de aprender a ver de otra manera, de encontrar no la aplicación de modelos arcaicos “europeizados” por el cubismo, sino de la producción originaria, con su auténtica carga expresiva. Como lo fue para Picasso, el Museo del Hombre será el gran templo de las revelaciones, la comunión con el asombro más total. Es probablemente entonces cuando siente más propia la raigambre de la raza y las raíces que vienen con ella y con la gran tierra del mestizaje: América» [15].
Allí toma contacto con los movimientos de vanguardia y comienza a crear una iconografía extraña, donde lo vegetal, lo animal, lo humano y aun lo abstracto configuran un todo animado por una misma fuerza orgánica, como si en cada cosa, cada objeto, cada color, cada forma, surgiera una «magia viva», una conciencia capaz de envolver y dar significado al universo.
Ciertamente, es en la capital francesa donde todas sus intuiciones plásticas se sistematizan, al contacto con los movimientos de vanguardia. La mirada modernista le permite acercarse a lo primitivo para reafirmar su íntima concepción mágico-cósmica del mundo; a través de los surrealistas se vincula al universo onírico, a la fuerza libérrima del inconsciente y, a lo que será quizás más importante para su trabajo posterior: a la idea del objeto como ente sensible, por medio del





cual se revelan ocultas relaciones universales. El «arte vivencial» que según sus palabras, había venido cultivando antes de su viaje a Europa, se enriquece, en marchas y contramarchas, con la intensa vida artística de la ciudad luz.



DAMA VEGETAL 1954- 1968

Es interesante subrayar la potenciación del aprovechamiento que hizo Abreu de las estéticas contemporáneas, al contacto con la cultura parisina. Aunque según Carlos Contramaestre «Mario Abreu estuvo consciente de su reto de artista contemporáneo desde los inicios de su formación en Caracas», es sin duda el contacto directo con los círculos vanguardistas más de avanzada, lo que lo llevó a separarse de cualquier impulso academicista, fortaleciendo «su veta intuitiva de creador nato y su disposición abierta a inscribir su americanidad sin límite, en un lenguaje universal». Señala Contramaestre: «Al conocimiento de las más variadas tendencias plásticas en boga, que en su radicalismo planteaban rupturas importantes, se sumó el impactante encuentro con el arte africano en su visita al Museo del Hombre, de París; allí pudo confrontar sus raíces mestizas con el mundo mítico de sus ancestros. Enfrentó ese choque de dos culturas, que fue decisivo para emprender con claridad la explotación de cada expresión, tendencia o movimiento con objetividad, asumiéndose sin adhesiones incondicionales» [16].
La tesis de Contramaestre va en la vía de deslastrar la mirada que ha querido entender a Abreu desde la perspectiva única de una especie de primitivismo. A este respecto, Contramaestre analiza las vertientes vanguardistas de las que se nutrió directamente la poética del artista en sus años parisinos: «Por desconocimiento y simplismo, a Mario Abreu se le relaciona con el arte espontáneo, popular, no cultivado. Imagen falsa que Abreu se encarga de desvirtuar, ya que detrás de su búsqueda plástica no solamente estaban presentes los elementos académicos de su formación caraqueña, también le interesaba el cine expresionista alemán o el puntillismo de Seurat, que luego transmuta en sus claves oníricas.
Si por su naturaleza vital, Mario Abreu dejó de lado el neoplasticismo, no ocurre lo mismo con el dadaísmo. Esa vanguardia artística aceró su voluntad de ir hacia delante, sin asumir textualmente sus códigos estéticos en sus diversas gamas de expresión, sino tomando los ingredientes esenciales, como lo veremos más adelante en sus “Objetos mágicos”, llenándolos de sentido y de un contenido cónsono con su sensibilidad americana.
Tanto los constructivistas como los dadaístas aceptaban como algo común, a pesar de sus divergencias conceptuales, la desintegración de las relaciones entre la forma y el contenido que ponían en entredicho las tradicionales posturas frente a la obra de arte.
Se reactivan novedosas proporciones, hasta ese momento inéditas, para crear otras potencialidades en la elaboración de los ensamblajes. Este fue uno de los mayores hallazgos de Mario Abreu, que asimiló y luego puso en práctica, utilizando de sus predecesores el azar dirigido para articular una nueva belleza.



ESTACIÓN DE LA LLUVIA 1955-1965

En este sentido, todos los experimentos que la vanguardia europea utilizó para ordenar el caos y crear sus ficciones plásticas, no fueron ajenas a Abreu. Ni los cuadros “Merz” de Kurt Schwitters, ni los “Fallenbilder” de Daniel Spoerri, en su heterogeneidad fragmentaria, o los restos casuales congelados por la resina, fueron ignorados por Abreu. Relación que se entiende aún más con lo que expresa Schwitters: “Puesto que puedo comparar entre diversos materiales, tengo una ventaja con respecto a la pintura que sólo se vale de óleo, y es que yo establezco una valoración no sólo de color contra color, línea contra línea, forma contra forma, etc., sino también de material contra material”»[17].
En sus obras de mediados de la década de 1950 puede observarse, no obstante, el influjo contradictorio de numerosas tendencias, y las constantes búsquedas temáticas y formales emprendidas por el artista al confrontar el bullente mundo de imágenes, movimientos e ideas del París de la época. Pinturas como La pesca o La patilla de Adán evidencian caminos heterogéneos que abarcan lo estilizadamente figurativo, lo orgánico, y lo emblemático de vinculación ritual. El artista relató estas experiencias de sus primeros años parisinos, al expresar: «Llegué a Francia con una pintura de tipo vivencial. Al llegar sufrí un desconcierto, un choque que duró 4 años en los que no pude más que buscar, hacer apuntes, intentos, pero no salía lo que deseaba» [18].
Si bien en esta época realiza obras capitales de su producción como Dama vegetal, Cristo Azul, El toro constelado, Cauda de la flora y Selva amazónica, hay que tener en cuenta que la factura plástica que éstas presentan actualmente no es la misma que tuvieron en ese entonces, ya que el artista las intervino en 1963 como preparación a la exposición que sobre él realizara ese año el Museo de Bellas Artes de Caracas.
En 1957 su hermano Martín llega a París y juntos emprenden un viaje a Italia y España, durante el cual el artista visita numerosos museos y toma contacto con la obra de Goya, Van Gogh, El Bosco y Giotto. Según Francisco Da Antonio es esta una «época de reencuentros y de experiencias nuevas: la utilización de la “escritura” pictográfica del pre-colombino venezolano que recién descubre en el libro de Saúl Padilla y que en su arte adquiere un aspecto larvario o el intrincado gesto espermatozodíaco, hasta irrumpir en el brillante sortilegio de sus nocturnos que cruzan como encendidos artificios el brillante itinerario de ancestrales grafismos» [19].
Lo «espermatozodíaco», esta serie de grafismos inspirados quizás en su reciente descubrimiento de los petroglifos, apunta también a la representación de un fluido en movimiento, donde estas líneas sinuosas confluyen y divergen conformando una miríada de dinámicos trazos entrelazados. Lo larvario y primigenio es subrayado por la aparición, en piezas como Mundo de agua, de círculos concéntricos que, a manera de óvulos, parecen atraer la legión larvaria, quizás como una metáfora del comienzo de la vida y una interrogante sobre la energía que vivifica a la materia orgánica. Representaciones acaso de un microcosmos, que a la vez sugiere un macrocosmos, una galaxia, con sus planetas, astros, y estelas de energía danzantes en el espacio.
El año siguiente envía a XIX Salón Oficial Anual de Arte Venezolano la obra Estrella de Belén, una tela en la que Abreu había añadido elementos que contribuían a formar un «relieve pictórico», a través de la incorporación de un pigmento hecho de pasta espesa.



SIN TITULO 1973

Justo antes de su regreso a Venezuela, Mario Abreu emprende la realización de sus «Objetos mágicos» a los que, en un primer momento llamó «Santerías». Esta serie se inaugura con la obra titulada El ojo de Dios. Posteriormente crea otro tipo de «Objetos mágicos», reuniendo materiales diversos y ensamblándolos en gaveras de refrescos. En estos objetos el artista componía en una caja artefactos de uso cotidiano, utensilios domésticos, materiales de desecho, botellas, velas, caracoles, espejos, muñecos, revalorizándolos plástica y semánticamente. En ellos, cada elemento forma parte de un conjunto estético en el cual y por el cual se revaloriza, renovando su significación, disociándose de su antigua utilidad y función. Los mecanismos insólitos con los que trabaja la magia para modificar lo real, son recreados: el objeto se convierte así en metáfora de lo insondable o, revirtiendo el proceso, en un aspecto de una nueva realidad donde el oscuro sentido oculto en lo real es quizás el principio y fin de lo palpable, donde lo visible se encuentra formado a partir de un código velado, de una invocación única, propia, y el artista pasa así a tomar el verdadero papel de creador.
Según la crítico Elsa Flores, el origen de estas obras puede ser hallado en el Turmero natal, cuando el artista observaba los sincréticos altares creados por la religiosidad popular. Es obvio que las bases de su concepción mágico-cósmica del mundo pudieron asentarse en la convivencia con el ritualismo popular, en el que se hallan, ricamente mezclados, elementos provenientes de diversas tradiciones e imaginerías religiosas. Pero no es menos cierto que el ambiente cultural de París actuará como un catalizador y un decantador de estas intuiciones. El contacto con las vanguardias, el conocimiento de las libertades formales que éstas rescataron para el arte universal, la constante observación del trabajo de los artistas venidos de todas partes del mundo, propulsaron seguramente la creación de estos objetos. En numerosas ocasiones Abreu explicó que nunca le interesó el arte por el arte. Sus búsquedas no estuvieron, entonces, orientadas por una intención vanguardista; sin embargo, el creador supo tomar de las vanguardias los elementos que le permitieran expresarse, sin sucumbir a ataduras conceptuales y, por esto, actuando honestamente dentro de la libertad expresiva que siempre defendió.
Debemos tener claro también, que para 1961 –cuando se realiza la famosa exposición «The Art of Assemblage» en el Museo de Arte Moderno de Nueva York–, ya el ensamblaje contaba con una respetable tradición que abarcaba desde las tempranas experiencias de Schwitters, pasando por los trabajos de Niki de Saint-Phalle, Daniel Spoerri, hasta las sobrias construcciones de Louise Nevelson, entre otros. En este sentido hay que señalar que la importancia histórica de estos Objetos de Mario Abreu radica no sólo en la «innovación» que introdujeron en el panorama de las artes venezolanas, sino en su inusual fuerza expresiva, su potencial de promover múltiples asociaciones evocativas y, en fin, en su riqueza semántica, logrados por la  transposición de un imaginario propio, absorbido
de las tradiciones más arraigadas en lo popular venezolano, en el lenguaje libérrimo y universalmente comprensible del ensamblaje.



SELVA AMAZONICA 1956-1960

Al respecto y muy justamente Alfredo Chacón señalaba: «Estos objetos son la primera transformación verdaderamente enriquecedora de los postulados expresivos del pop art y la solución más consistente al problema, ineludible cuando se ocupa en el mundo el puesto que nosotros ocupamos, de hacer valer a la altura del desarrollo de las artes plásticas, las estructuras de significación, las visiones del mundo de las cuales somos verdaderamente gestores (…). La verdadera magia de los objetos de Abreu, consiste en marcar uno de los encuentros más legítimos de que tengamos noticias en Latinoamérica entre el nivel de las sugestiones artísticas internacionalmente difundidas y un mundo de signos tan tradicional y actualmente popular» [20].
Por su parte Franklin Fernández entiende los objetos mágicos como «un enjambre de icónicos que irradian poderío místico. Son y no son al mismo tiempo, porque aparecen en función del poder sobrenatural que los mantiene vivos y cuya naturaleza es esencialmente desconocida. Lo cierto es que cuando un observador merodea en torno a estos; vale decir excéntricos, extraños, embrujados objetos, se enfrentan a una infinidad de lecturas; muchas de las cuales son vírgenes aún, como complemento universal y cósmico de un acertijo sobrenatural, sutil y enigmático. En este sentido, Abreu se expresa mediante cajas que aglomeran objetos y desechos, donde se acumulan visiones, signos, evocaciones, sonoridades, estados de ánimo. No tiene otra finalidad que la de representar instantes de un mundo perdido, y de transmitir la materialización de nostalgias, de obsesiones y deseos, frustraciones o alegrías, que sospechamos en el origen de toda creación» [21].
Pero hay algo que suele dejarse de lado cuando se hace el balance de las vivencias parisinas de Abreu: el dibujo. Mario Abreu en París dibujó profusamente, realizando obras que constituyen un hito dentro de la historia del dibujo venezolano. Ellos rebaten –en el trazo virtuoso, ligero, dúctil; en el encanto mágico de los temas; en la destreza de la composición– la difundida noción que habla de la torpeza técnica del artista.
V
De regreso a Venezuela en 1962 el artista realiza dos exposiciones individuales en el Museo de Bellas Artes de Caracas. La primera, presentada en 1963 estuvo conformada por pinturas que había traído de París, algunas de las cuales habían sido retrabajadas en su taller de Caracas. Esta exposición evidenció la afinación de su lenguaje pictórico como sistema de formas que intentan develar una unidad cósmica. Mediante la inclusión de numerosos puntos que cubren toda la superficie del cuadro, el artista parece querer expresar la universalidad de la energía trascendente. En tanto formamos parte de un todo único y común, no es tamos solos; somos, también el otro. Bajo estas premisas, aparecen las figuras «consteladas» del toro y del ave. Incluso, surgen forman que, como la Mujer vegetal, parecen estar en perfecta e intensa comunión con la naturaleza. Quizás sea Gestación de la lluvia la obra que más abiertamente refleje estas concepciones.
Una de las piezas más importantes de este período es Toro constelado  (1955-1962, Col. privada), realizada por la inspiración que produjera en el artista el poema «Canto al toro fugitivo» de Juan Liscano. En ella, la figura de un toro abarca casi la totalidad del plano. El toro sangra y mira al espacio, hacia la noche estrellada coronada con una inmensa luna amarilla. El toro está solo frente al cosmos, parado en dos planicies rocosas, sobre una de las cuales chorrea su sangre. Todo el cuerpo del toro está cubierto de puntos multicolores, óvulos, galaxias, soles, alguna línea espermatozodíaca… el toro parece querer fundirse con el cosmos al que contempla, y que a su vez lo contempla y lo contiene. Carlos Contramaestre ha considerado esta pieza como la «fusión global de sus experiencias colorísticas, que van más allá de las formas icónicas ancestrales, para plantarlas en un espacio cósmico y poético, atravesado por constelaciones. El toro como símbolo astral, detenido



LA ETERNA BONDAD DEL SUBCONCIENTE

con asombro ante la enigmática noche, derrama vías lácteas pobladas de estrellas, sangre sideral que cae de su propia agonía y acentúa la soledad planetaria del hombre y la nada» [22].
En el catálogo de esta exposición Francisco Da Antonio escribió: «pese a su uniformidad la pintura de Abreu no es siempre idéntica a sí misma, va generando de sí nuevas apariencias y casi podría decirse que con su movimiento abarca todas las secuencias de la evolución de tales apariencias. Es como si lo esencial de su pintura fuese el concepto de la mutabilidad llevado hasta los extremos más radicales, pero también los más evanescentes» [23].
En la segunda exposición, llevada a cabo en 1965, Mario Abreu presentó los «Objetos mágicos». En esta muestra se reunieron treinta de sus objetos más significativos, entre los que cabe mencionar Tótem vertebrado, Mampulorio, Rastros indígenas, Ajedrez, Recuerdo de Hiroshima, La eterna bondad del subconsciente, El hijo de Mandrake, Senos prohibidos y El ojo de Dios.
En su «Carta de presentación» a esta exposición el artista escribió su ya hoy famoso manifiesto como creador, en el que puede leerse: «Busco a través de las ordenaciones plásticas y de los contrasentidos, y en las oposiciones de fuerzas, develar el acto mágico; sacrificando los estados complacientes para crear fuerzas vivas y de esta manera animar los objetos; en ellos aporto la evidencia de mi propia demarcación física y psíquica, no cerrándome las puertas al Universo y aceptando mi alienación activa (…) Considero la pintura como una filosofía potencial y viviente. Ella debe latir en todos los corazones y ser respirada por el universo entero (…) busco en lo imposible para demostrar ‘que no soy yo sino el otro’. Soy la multitud en mi propio devenir» [24].
En Recuerdo de Hiroshima (1965, Col. FMN/GAN), por ejemplo, el artista coloca una muñeca de plástico quemada y mutilada, que parece mirar al espectador a través de sus ojos cerrados. Al lado, un pedazo de material orgánico desprende rayos bélicos representados por ganchos de guindar ropa a secar. Abajo una pequeña copa metálica y una esponja llena de clavos resaltan el sentido violento del tema, cuyas asociaciones sobrepasan lo meramente denunciativo.


LA PIEDAD CUSTODIADA POR LOS ARCANGELES

La Eterna bondad del subconsciente (1965, Col. FMN/GAN) es una tabla sobre la que el artista ha colocado la cabeza de una muñeca pintada a la manera de tatuajes primitivos. La cabeza irradia ganchos, cucharas y esferas. Parece estar siempre atenta. Abajo hay tres objetos que semejan medallones. Es notable cómo el artista evade colocar la cabeza en el centro de la tabla, ubicándola un poco más arriba del eje visual. Asimismo, tampoco es ésta el centro de la irradiación que, por cierto, sobrepasa los límites de la tabla que soporta estos objetos. Alude a la mente inconsciente –simbolizada por una cabeza de ornamento ritual– como centro de una riqueza humana que subyace a la razón, que es milagrosa y abundante, que tiene su propio orden y que está vinculada a lo atávico y también a lo sagrado.
Esta exposición, por la contundencia dentro de su planteamiento dentro de la plástica venezolana, constituyó un hito, y fue reseñada por escritores, críticos e intelectuales. La originalidad del planteamiento de Abreu y sobre todo la libertad, hondura semántica y hasta el fino humor de sus objetos mágicos, recibieron los más elogiosos comentarios.
Sobre esta exhibición Roberto Guevara escribió: «La exposición de 1965 fue categórica en un punto: la magia era la capacidad de activar los objetos, de crear en ellos nuevas energías expresivas, de establecer alianzas y rechazos que asaltan al espectador y modifican circunstancialmente su comportamiento. En la mayor parte de estas obras, una gran tradición hundida en las profundidades de los pueblos latinoamericanos, se vincula sin temores con los objetos, por momentos brutales, que surgen de la sociedad de consumo. Ver una simple mica roja de automóvil integrada religiosamente a uno de estos contextos de Abreu, puso resultar, en aquel momento y ahora, toda una extraordinaria proposición (…). El acontecimiento de los objetos trasmuta toda la obra de Abreu, porque va directamente a sus supuestos fundamentales, un alma panteísta que vuelve a la tierra, a las contiendas sociales, culturales, religiosas y humanas. Así ha sido su elección, tomar partido no de la vida, como hecho abstracto, sino de lo vivo como condición actual y frontal para el hombre» [25].
Al año siguiente, 1966, Abreu cambia el formato de sus objetos al sustituir las cajas por discos pintados de blanco a los que, en un principio, denominó «lunas». De esta serie de objetos cabe señalar: Yo, Mario, el saltaplaneta, El Ángel, El peso de la corona y Piedad custodiada por los arcángeles.
Yo, Mario, el saltaplaneta (1966, Col. FMN/GAN) pudiera considerarse un autorretrato anímico y la trasposición plástica de la “Carta de presentación” del artista. El fondo de la pieza es un paisaje imaginario muy a la manera de Abreu: sobre el horizonte se despliega un cielo «espermatozodíaco» en el que vemos espirales, trazos larvarios, puntos, líneas sinuosas, volutas, en una profusión gráfica ya característica en el artista. Por debajo del horizonte, el creador ha dibujado líneas curvas y ondulantes que asemejan las representaciones marinas estilizadas. Sobre este fondo, aparece «Mario» montado en una extraña nave hecha por un plato blanco lleno de objetos y grafismos. Sobre ese plato está «Mario», un muñeco vestido de blanco con casco que, de momentos parece una momia, y de otros, un astronauta. Maneja la nave con un manubrio y de entre sus piernas sale un aparato que se nos antoja guía basculante o brújula sideral que señala el rumbo de la nave. Es una obra con ciertos rasgos de humor, pero también cargada de oscuros sentidos.
VI



BOSQUE DE LOS SUEÑOS   1989

Aunque los objetos siguieron evidenciando, con ciertas variantes, la misma fuerza expresiva y sutileza metafórica, en el campo de la pintura y del dibujo se comienza a notar, a partir de 1970, un creciente interés por el tema femenino.
En 1975 le es otorgado el Premio Nacional de Artes Plásticas.
Cinco años más tarde presenta la muestra individual «El mundo mágico de Mario Abreu» en una galería privada de Caracas. Esta exposición confirmó su retorno a la pintura, a través de la técnica del pastel. El artista comentó acerca de esta etapa: «Vuelvo a la pintura, al pastel, porque ella me permite mucha flexibilidad y más rapidez en la confección, lo que se traduce en un trabajo mucho más espontáneo que el objeto, en tanto éste requiere mucho más tiempo de observación, recolección y selección de los materiales. En cuanto a diferencias, yo creo que hay una unidad de trabajo que está manifiesta desde el comienzo de mi obra, pero yo no podría establecer diferencias. No podría decir a mí me parece que es lo mismo, porque eso corresponde al crítico y no al artista. Probablemente a mucha gente le parecerá más importante el objeto que la pintura y viceversa. Yo no sé» [26].
Ciertamente este cambio fue cuestionado por algunos críticos entre los que se cuentan Roberto Guevara quien al referir se a esta exposición escribió: «Abreu inventó un vocabulario para luego abandonarlo, sin llegar a aprovechar los alcances de su hallazgo. El mutismo que sigue a esa etapa es de una meditación sin conclusiones, lo necesario para dejar que un lenguaje se debilite hasta desaparecer. Apenas si la pintura posterior registra elementos aislados, pequeños relieves, en una tentativa sin búsquedas definidas» [27].
Un erotismo ardiente y a la vez poético recorre toda su producción dibujística y pictórica de esta época. Quizás el erotismo del hombre que envejece –el artista fallecerá en Caracas en 1993–, más vehemente y romántico, sea el que impregna estas imágenes. La factura se suaviza, pierde la fiereza que le fuera característica. El tema de la mujer trae consigo una dulcificación formal. En estas piezas se evidencia el abandono de los colores vivos a favor de la creación de atmósferas de tonos pasteles y de ensueño, en las que se traduce “un estado amoroso”, como el propio Abreu supo definirlo.
Lo mágico cede paso a lo onírico, a la imagen proveniente de la íntima fantasía. La fiereza se troca en forma delicada y sutil. Acaso el fiero «Gran mago» –como lo nombró Caupolicán Ovalles en un poema que le dedicó– que buscaba trasponer los órdenes de la realidad ofreciéndonos obras que nos llevaran a conectarnos con lo verdaderamente trascendente, que buscaba «develar el acto mágico», hubiera encontrado al fin una manera de tocar al otro a través de lo amoroso. Quizás habría plasmado ese estado de beatitud, alejándose de la terrible angustia existencial, al sumergirse en la gozosa atmósfera de la armonía universal.
Katherine Chacón
Notas
[1] Carlos Contramaestre: «Mario Abreu: Hechicería constelada y objetos» en: http://www.kalathos.com/abr2001/arte/contram/contram.htm
[2] Contramaestre: Loc. cit.



AJEDREZ 1963

[3] Alberto Hernández: «Soy la multitud en mi propio devenir» (Entrevista con Mario Abreu) en Letralia. Tierra de letras, Año XIV, N° 216, 17 de agosto de 2009, Cagua, Venezuela. http://www.letralia.com/216/entrevistas03.htm
[4] Juan Liscano: «Recuerdos y vivencias de Abreu» en  Galería Municipal de Arte de Maracay: Mario Abreu. Pinturas y objetos. Exposición antológica, Maracay, p. 28.
[5] Alberto Hernández: loc. cit.
[6] Santos López: «Pintar es caminar por dentro» en El Nacional, Caracas, 30-6-1985, p. C-1.
 [7] Francisco Da Antonio: «Mario Abreu según él mismo» en Museo de Arte de Maracay: Abreu, diciembre, 1981, pp. 10-11.
[8] Cf. Katherine Chacón: «Antonio Edmundo Monsanto y su legado» en Centro Cultural Provincial: Antonio Edmundo Monsanto y su legado, Caracas, 2002, pp. 12-13.
[9] Grupo conformado por artistas e intelectuales venezolanos que, en París en 1950, se adscriben a la abstracción geométrica, viendo en ella la única vía de renovación de las artes plásticas nacionales y de inserción de la cultura venezolana en el discurso plástico universal.
[10] Juan Liscano: Op. cit.  p. 25.
[11] Contramaestre: loc. cit.
[12] Roberto Guevara: «Los reinos y los sentidos en la obra de Mario Abreu» en Galería Municipal de Arte de Maracay: op. cit., p. 8.
[13] Op. cit., p. 9
[14] Los Diablos danzantes de Yare son una manifestación religiosa popular venezolana que se celebra en San Francisco de Yare, estado Miranda el día de Corpus Christi y en la que los participantes suelen vestirse con atuendos de color rojos y portan máscaras multicolores de rasgos exagerados y grotescos.
[15] Guevara: op. cit., p. 10.
[16] Contramaestre: loc. cit.
[17] Ibídem
[18] Teresa Alvarenga: «Más importante el Museo del Hombre que el de Arte Moderno» en Suplemento Cultural de Últimas Noticias, Caracas, 12-12-1972.
[19] Francisco Da Antonio: «Mario Abreu» en Revista Imagen, Suplemento N° 9 (Monografía), Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, Caracas, 15 al 10 de septiembre de 1967.
[20] Alfredo Chacón: «La verdadera magia de Mario Abreu» en Cal, N° 45, Caracas, 1965.
[21] En: “Los altares mágicos de Mario Abre” en Analítica.com. http://www.analitica.com/entretenimiento/los-altares-magicos-de-mario-abreu/
[22] Contramaestre: loc. cit.
[23] Francisco Da Antonio: Texto para el catálogo de la exposición «Abreu», Museo de Bellas Artes, Caracas, 1963, s/p.
[24] Mario Abreu: «Carta de presentación» en Museo de Bellas Artes: «Objetos Mágicos. Mario Abreu», Caracas, agosto de 1965, s/p.
[25] Guevara: op. cit., pp. 15-16.
[26] Maritza Jiménez: «Mario Abreu, pintor de la noche» en El Universal, Caracas, 2-10-1980, p- 4-1.
[27] Roberto Guevara: «Artes Plásticas: La fatiga de los brujos» en El Nacional, Caracas, 21-10.1980, p- C-20.


1.      8.  ENTREVISTA EN LETRALIA, TIERRA DE LETRAS:



                                         MARIO ABREU CON PERIODISTAS JOSE A. SUCRE Y ALBERTO HERNANDEZ

Mario Abreu, el Saltaplanetas, celebra la vida y los noventa años que cumple su enloquecido sistema solar. “Soy la multitud en mi propio devenir”
 Alberto Hernández
“Turmero era un pueblo donde la comunicación entre todos se establecía a nivel mágico, aunque en aquel momento no lo percibía así, no lo entendía así. Ahora lo digo”.

“Yo podría decir que soy un hombre de posición revolucionaria, pero eso lo testimoniaría dejándolo viviente en mi obra... La cultura no se puede valorar de acuerdo a juicios aparentes, sino por la razón profunda del artista. La cultura no es una cuestión libresca”.
Vuelve en palabras. Si una vez la magia se marchó en medio de la agonía provocada por la leucemia, hoy Mario Abreu regresa en voz, la única que tuvo pero que se multiplica en el tiempo, en la de los otros. Hace 17 años se marchó. Hace 90 llegó desnudo y despierto en Turmero, el 22 de agosto de 1919. Acosado por el clima, Georgina Abreu y Ramón Pérez Guerrero lo supieron hijo también en la casa de los Salas y en el regazo de su madrina Amelia Borges, quien le enseña brujería, ciencias ocultas y mucha magia popular, de donde emergen, años después, los planetas que habrá de visitar con su arco iris cromático y sus selvas interiores llenas de bestias y sonidos.
Vuelve en palabras y se instala en una conversación que se hace eco luego de haber lidiado con Francisco da Antonio y Sonia Tovar, por allá lejos en 1991.
Hoy, vivo de nuevo, se sacude el polvo cósmico y habla en un idioma que necesita de algunas preguntas para darle cuerpo a su universo.
— ¿Es cierto que todo comenzó en la bodega de aquel Turmero rural y pueblerino, el Turmero de un niño cuya curiosidad lo hizo artista?
—En la pulpería yo disfrutaba organizando la estantería, colocaba latas de sardinas, dulces, refrescos. Por cierto que recuerdo la cerveza alemana que traía un perrito dibujado en la lata. Todas las tardes organizaba esos estantes vacíos, los ponía bonitos. Yo digo que esos fueron los primeros objetos mágicos que empecé a percibir.


EL MAMPULORIO 1963

— ¿Quién más indaga en los Objetos Mágicos?
—En el objeto el que destapa la olla soy yo. Hoy día hay muy buenos artistas que trabajan el objeto, entre ellos está Zerpa. En cuanto a mi obra, yo no sé hasta dónde sería yo considerado en el futuro, pero hasta ahora la cosa está ahí, eso todavía no está muy claro.
— ¿Hay en el país una crítica que se encargue de entrarle en serio a sus Objetos Mágicos?
—Yo, Mario Abreu, considero que en un país donde no existe una crítica especializada los poetas vienen a ser los más cercanos a una genuina interpretación de mi plástica. Una de las fallas de la pintura venezolana ha sido la poca comunicación entre los artistas plásticos y los poetas que son los más próximos a un estado de revelación del inconsciente.
— ¿ Volviendo a su pueblo, ¿cómo era el Turmero de su infancia?

—Turmero era un pueblo donde la comunicación entre todos se establecía a nivel mágico aunque en aquel momento no lo percibía así, no lo entendía así. Ahora lo digo. Me refiero a todas esas costumbres mágico-religiosas que eran parte de lo cotidiano: los mampulorios que se hacían cada vez que ocurría la muerte de un niño a quien se daban dádivas de piñas y flores; los bailes de San Juan, las procesiones. Turmero no tenía más luz nocturna que la de las estrellas y el carburo. Me fascinaban los cuentos de muertos. Siempre digo que las cámaras de televisión acabaron con los muertos. Se perdió el derecho a fabular sobre muertos y aparecidos.
— ¿Hay un arte de una sola idea? ¿Se puede concebir el arte como una propuesta única en el sentido de una sola tendencia?
—El arte no se puede suscribir a una sola tendencia. Miguel Ángel Asturias me dijo: “Usted es un pintor eminentemente latinoamericano. Haga su obra y no le importe”. Ya a estas alturas he quemado las naves, como diría Hernán Cortés, y quedará lo que tiene que quedar. Yo sigo caminando en mi territorio. Es difícil hacer entender que América Latina es un continente de esperanza para el mundo, pero lo más difícil es lo que tiene que ver con los políticos. Ellos todo lo han destruido y por debajo de lo que han hecho está el cagajón ardiendo.
La voz sigue sonando. Mario Abreu, a noventa años de haber venido al mundo, emerge a los 17 de haberse marchado entre humores y silencios.
Al final le queda decir:
—Considero la pintura como una filosofía potencial y viviente. Ella debe latir en todos los corazones y ser respirada por el universo entero. Construyo mis propios santuarios desvirtuando las viejas santerías. Soy la multitud en mi propio devenir.
Y calla, para seguir la ruta de sus planetas, para abreviar el movimiento de su sistema solar.
El cuaderno de las aguas: el simbolismo en los dibujos de Mario Abreu


8. CONVERSACIÓN DE MARIO ABREU CON JAVIER TELLEZ Y JOSE ABREU 


El Maestro Abreu,con Javier Tellez y José Abreu,

-              Qué importancia le atribuye a haber nacido en Turmero y cómo se inicia allí en la pintura?

Si esta pregunta me la hubiesen hecho hace unos años hubiese sido difícil responderla; pero ahora que están los hechos diría que la importancia es evidente porque ya hubo una respuesta, ahora no es la importancia que yo le dé, sino la que el espectador pueda ver a través de mi obra.
Yo creo que son importantes los espacios donde uno ha vivido años y se ha criado; los entornos, las cosas que nos rodean, la cuéntistica de los grandes fabuladores de mi tiempo, cuando mis tíos se sentaban a las puertas de las casas a contar historias de muertos, las pulperías donde trabajé que eran como ateneos, centros donde se establecían muchas comunicaciones.
El deseo de pintar debe surgir en el interior de uno por el mismo entorno del paisaje y del ambiente.
Hay una soledad del hombre que tiene un gran peso en mí, que lo siente uno de niño; entonces cuando se trata de dibujar en un papel, es como si esa soledad se acompañara con la creación. El trabajo es un intento de comunicación espiritual con el otro. Yo empecé a copiar las caricaturas de Leo, empecé a dibujar a dibujar y traté de tener una relación con el otro que estaba basada en una copia, pero con una intención ya de crear algo y de hacerme sentir dentro de la sociedad. Por ejemplo, que se deslumbrara un campesino que venía de un arreo de burros, un hombre con una falda que era un saco de harina Goldmedal que yo pinté muy sencillo con un triángulo y más o menos hice la cabeza como se me ocurrió; todo el que llegaba a la pulpería decía: Es igualito a Sánchez. Eso me fue entusiasmando y me dio la seguridad de que sirvo para esto. Me motivó el entorno, el paisaje y más que todo darle una respuesta a la soledad.
-              A Principios de la década del cincuenta empieza a pintar una nueva visión del paisaje totalmente diferente a la generación anterior (El circulo de las Bellas Artes): Cuáles eran los propósitos de telas como “El Paisaje de Yaracuy”?
“El Paisaje de Yaracuy” es un paisaje abierto, continuo, donde ya no es el paisaje demarcado sino el que tiende a continuar y esparcirse.
La visión mía era llevar el paisaje a las dos dimensiones de la tela, una forma decorativa, pero noble y con sentido. El paisaje es de dos dimensiones y no quise tocar la tercera porque eso lo traían los viejos paisajistas: Cabré, Monasterios, etc. Yo creo una concepción nueva en ese momento del paisaje que muy pocos críticos han visto. Un paisaje en dos dimensiones y que la profundidad no esté dada por puntos de fuga sino que sea sugerida por el color.
Buscaba dar una respuesta vital y orgánica, gestativa, como el “Gestación de la Lluvia”, que la naturaleza esté con todo su esplendor.

-              Una cosa que llama la atención desde el principio de su obra es el color, exaltante, explosivo.
Esa es una intencionalidad mía, me interés mucho por exaltar el color: el color está relacionado con el clima, con los caliente y con uno mismo que está en una visualización de contrastes entre un paisaje que es exaltado por la luz, que no tiene las interferencias del paisaje europeo que es gris, pelado. Este es un país donde las cosas son claras y definidas.
-              Es usted una persona religiosa?
El problema más serio que he tenido en mi vida es creer en Dio y en el diablo. Yo tengo tanta lastima por mi Dios como por el Diablo. Las dos cosas trato de conjugarlas, pero puedo ser como elemento creado por Dios, tan Dios como Diablo. Entonces creo que mi condenación tendrá que venir cuando yo desaparezca. Si existe el purgatorio indudablemente tengo que ir a pagar mis deudas como Diablo. Si me gusta me quedaré ahí trabajando y si no me gusta, como un presidiario pagaré mi pena y después iré al cielo con la gloria de disfrutar de las grandes creaciones.
Yo no definiría una creencia religiosa determinada, sino mas bien una formación temerosa. Dios como temor. Le tengo tanto miedo a Dios como al Diablo. En estados de mi vida que he estado cerca de la muerte he pensado en Dios, pero he dudado si él me puede socorrer. Lo he invocado pero al mismo tiempo traigo al Diablo y pienso si será posible que Dios perdone a este Diablo que yo traigo también.
-              Tiene una relación especial con el objeto en su vida cotidiana?
Sí, el objeto parte de un concepto religioso. Yo me acuerdo que cuando niño hacía muñecos de cera y con mi hermano José hacíamos las procesiones en una hacienda donde trabajaba el padrastro mío. Yo creo que el objeto viene de esa relación con las santerías, en principio los llamaba así; después los llamé objetos mágicos. También vi los santuarios de brujos, aunque yo no sea un gran visitador de brujos, pero me conectaba un poco con eso y mi madrina tenía un altar con imágenes, santos y velas. También, había cofradías que llevaban cajas con un santo adentro, donde había medallas y los milagros que la gente pedía, con flores naturales también adentro. Esas cajas, esas cosas que capté en mi infancia en Turmero, vienen después a tomar un carácter en el Objeto Mágico, ya con elementos que llamo desechos, que en cada objeto tienen un lenguaje que hay que organizar.
-              Esa “organización” no está también relacionada con la misma organización de los objetos de culto de los santeros, separar el objeto del mundo exterior valiéndose de círculos, por ejemplo?
Siempre hay un plan. Sea negro o blanco. Nunca empleo el color en el objeto, los primeros fueron con fondo negro, cajas negras que le daban mayor dimensión al objeto, mas misterio. Los envuelve la noche y aparecen como fantasmas con una presencia definida al espectador. También hay Objetos Mágicos donde el fondo es blanco y los objetos son blancos, así como hay cuentística negra hay cuentística blanca, magia blanca y magia negra.
-              Muchas personas tienen la idea de que ustedes brujo o que ha sido practicante de la brujería. Es esto cierto?
Yo no tengo nada que ver con prácticas de ese tipo, la relación viene porque las referencias están afuera, unas más definidas que las otras.
Hay un universo creativo de las religiones que ha creado todo esto de la montaña de Sorte, María Lionza, el indio Guaicaipuro, eso es una relación pero sin ninguna organización, entonces necesidad el creador, tomar esto y organizarlo plásticamente que es lo que yo hago. Veo un santuario donde hay rituales y es una verdad dentro de la gente que cree y lo respeto, pero veo ese santuario como una posible organización mágica. Si los santuarios de los brujos estuviesen organizados por mí, tendrían una mayor fuerza potencial para los creyentes.

-              Una constante en su trabajo es el erotismo, unas veces oculto y otras de manifiesto.
Yo soy eminentemente erótico hacía la exaltación de lo femenino. Siempre tengo el deseo de tocar la carne de una mujer, la textura… (Inelegible)…tocar las cosas, las piedras, arrancar las hojas y olerlas. A mí me gustaría tocar a todas las mujeres del mundo. Mi lenguaje es amoroso, pero al mismo tiempo místico.
10. DERECHO DE AUTOR
Esta obra se reserva el derecho de autor prescrito en la página http://sapi.gob.ve/?page_id=116 Este derecho nace con el acto de creación y no por el registro de la obra. Es el derecho que posee el autor sobre sus creaciones sean estas obras literarias, musicales, teatrales, artísticas, científicas o audiovisuales. Se considera Autor a la persona natural (persona física) que crea alguna obra literaria, artística o científica.  Se agradece a todos los lectores ceñirse a esta disposición.